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Marginalia Silente

Serie compuesta por 52 obras.

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Medidas: 29 x 24 cm.

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Lo que insiste en el borde

No todo lo real se organiza bajo el régimen de la visibilidad. Hay zonas de la experiencia que permanecen fuera del foco, no porque carezcan de intensidad, sino porque no responden a la demanda de exhibición que estructura nuestro tiempo. Lo que no se muestra no desaparece. Se repliega. Persiste en una latencia silenciosa, como si aguardara una forma propicia para manifestarse.
Vivimos bajo una economía de la atención que exige presencia constante, claridad inmediata, rendimiento perceptible. En ese contexto, lo no visto adquiere una densidad particular. Se convierte en reserva, en territorio donde todavía es posible sustraerse de la saturación. Allí, lejos del espectáculo continuo, algo continúa elaborándose sin apuro.
Hay prácticas que no nacen para ser vistas. No responden a la lógica de la exhibición ni al mandato de producir sentido de manera inmediata. Surgen como una necesidad primaria, casi orgánica, como si el cuerpo reclamara un gesto mínimo para sostenerse en el mundo. Dibujar, en este caso, no es un acto representativo sino una forma de respiración.
Estas presencias no fueron concebidas bajo la promesa de un resultado. Aparecen en la repetición cotidiana, en la obstinación de una línea que busca su propia deriva. En esa intimidad sostenida se inscribe una pregunta radical: qué lugar queda hoy para aquello que no se ajusta al ritmo dominante de la productividad y el consumo.
Lo que emerge en estas piezas pertenece a una zona que el orden visible suele desatender. Habita el borde como condición existencial. Los ojos cerrados no indican clausura sino desplazamiento. Hay allí un intento de sustraerse del ruido que organiza la experiencia contemporánea, de correrse de la saturación permanente que convierte al sujeto en objeto, al ciudadano en consumidor.
El silencio que las atraviesa no es vacío. Es una materia densa, cargada de pensamiento, de afectos heridos, de incertidumbres que no encuentran traducción inmediata. El trazo recoge decepciones, violencias, fragilidades. Algunos cuerpos se repliegan sobre sí mismos, otros se envuelven, se pliegan, dejan ver fisuras y huecos que no intentan disimular. No hay voluntad de idealización. Lo que se manifiesta es la condición vulnerable de estar vivos bajo un sistema que administra incluso nuestras formas de sentir.
Dibujar todos los días se convierte entonces en un gesto micropolítico. No como consigna, sino como insistencia. En la reiteración de la línea se despliega una resistencia silenciosa frente al vértigo del consumo, frente a las violencias, frente a las palabras vacías y frente al daño ejercido sobre la naturaleza en nombre de un progreso que ya no promete nada. Cada figura señala que algo no encaja, que hay un resto que no puede ser completamente absorbido.
Lo marginal deja de ser un lugar secundario para volverse condición de posibilidad. Tal vez lo verdaderamente importante no ocurre en la superficie visible, sino en esa franja donde lo vivo todavía ensaya otras maneras de existir. Cerrar los ojos para escuchar de otro modo puede ser una forma de lucidez.
En ese gesto mínimo no solo se cifra una pregunta política, sino una interrogación más profunda: qué significa aparecer. Qué significa sostener una forma en medio de la intemperie del tiempo. Estas presencias no buscan afirmarse como identidad estable. Son más bien umbrales, zonas de pasaje donde el ser todavía no ha sido fijado por completo. Se ofrecen como fragmentos de una existencia en tránsito.
Algo en ellas permanece inacabado no por carencia, sino por apertura. Como si la forma estuviera siempre a punto de transformarse, como si la materia recordara que toda figura es apenas una detención provisoria en el flujo de lo real. Allí, en esa suspensión, se revela otra temporalidad. Un tiempo más lento, más profundo, donde lo visible no agota lo que es.
Y tal vez sea en esa suspensión donde se insinúa lo esencial: no una respuesta, sino la persistencia de una pregunta que sigue respirando incluso cuando todo parece haber sido dicho.

César Núñez

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